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lugar)? Quizás para el caso de otros pueblos sirva averiguar un origen má s o menos mediato, puesto que han sido y son pueblos en movimiento; entonces las conclusiones de la lingüística histórica nos dan a veces datos importantes sobre sus marchas y contramarchas en la tierra y en la historia. De todas maneras nunca se llegará a la primera palabra pronunciada por el hombre. </p><p>Tomemos el caso del alemán por ejemplo; se sabe que viene del germánico y éste a su vez del indoeuropeo, tronco común del que derivan todas las lenguas europeas (menos el vasco, el húngaro y el finlandés) y muchas de Asia (las indias e iraníes, con el sánscrito como la más importante). Esto nos aclara muchas cosas, nos dice de dónde provienen los pueblos que hablaban esa lengua y nos sirve para establecer las relaciones entre ellos; ahora bien, siempre queda la posibilidad de preguntarse: ¿y el indoeuropeo, de dónde viene? Bueno -sería la respuesta- se hablaba en el lugar de origen. Y en ese estado ya estamos con el vasco. </p><p>Lo interesante pues, es que cuando los indoeuropeos por ejemplo, estaban en su solar primigenio, los vascos estaban ya en el que ocupan actualmente y la lengua que hablaban se sigue hablando hoy en día (así lo confirmarían los poquísimos documentos de que se dispone desde tiempos tan cercanos, para la historia de una lengua, como es la época de los romanos) cuando han desaparecido muchas otras. Sin ir más lejos, ese es el caso del gótico que se habló en la península ibérica en los siglos V, VI y VII. Esta diferencia con el resto de las lenguas conocidas y la pervivencia en el tiempo, imprimen rasgos peculiares y distintivos al pueblo vasco frente a otros pueblos que pasan o han pasado por su territorio. </p><p>El sistema verbal, calificado en otros tiempos de riqueza única y hasta de sistema perfecto, no tiene nada de extraordinario para quien se acerque a la lengua con la clara conciencia de que los diferentes idiomas organizan el pensamiento en formas completamente disímiles una de otra, pero con una lógica y una coherencia interna que los configura en sistema. Claro que esa lógica puede discurrir por otros senderos que la nuestra. </p><p>Así como el inglés tiene algunos verbos llamados auxiliares que no poseen significación propia, o habiéndola poseído en un estado anterior de la lengua, sólo sirven ahora para indicar pregunta, presente o pasado, futuro, etc. al unirse a un tema verbal, y por ello nos dan un significado; de la misma manera el vasco tiene también, además de algunos verbos que se conjugan como los nuestros, sin auxiliar (los llamados verbos trinkoak en vasco), cuatro sistemas completos de auxiliares que responden cada uno a una clase diferente de acción. </p><p>Si los clasificamos por el auxiliar que llevan serían: los que tienen el auxiliar naiz, o sea que poseen sólo sujeto, es decir los equivalentes a los intransitivos nuestros. Los de auxiliar zait, los que tienen sujeto y beneficiario de la acción que enuncia el verbo, equivalen a nuestros verbos con objeto indirecto solamente o a los verbos con dativo de interés del latín (dativo ético del castellano). Los de auxiliar dut, tienen sujeto y recipiendario de la acción que equivalen a los verbos transitivos nuestros. Finalmente los que tienen auxiliar diot, tienen recipiendario y beneficiario de la acción además del sujeto, son equivalentes a nuestros verbos transitivos cuando llevan objeto indirecto. </p><p>Es muy interesante que en los tres últimos sistemas, como aparecen otras personas o cosas además del sujeto, ellas también se vean reflejadas en la flexión; por ejemplo, si se dice ikusi dut ('ver' + 'yo a él') esto significa 'lo he visto'. Pero si alguien me ve a mí es ikusi nau ('ver' + 'él a mí') que significa 'me ha visto'. </p><p> En el sistema NOR-NORI-NORK: ekarri ('traer') dizut ('yo a tí algo, o alguien') es 'te lo he traído'. Pero ekarri didazu ('traer' + 'tú a mí algo o alguien') es 'me lo has traído'. Ahora bien, si el objeto es plural, aparece una diferencia en la flexión: ekarri dizkizut es 'yo te he traído a tí algunos', y ekarri
dizkidazu es 'tú me has traído a mí algunos'. </p><p>Estos cuatro sistemas se ven complementados (alguno diría complicados) por la distinción de las personas del discurso: en vasco, como en casi todas las lenguas se distingue el que habla (nik), a quién se habla (zuk) y de quién se habla (hark) y sus respectivos plurales (guk, zuek y haiek). Lo particular de la lengua vasca es el tratamiento de hik (así se llama en vasco) que algunos lingüistas confundían o asimilaban a un trato de confianza del mismo tipo que el tuteo del castellano, del francés o del alemán (el inglés no lo tiene a nivel sintáctico y ni el latín ni el griego tenían una diferente forma lingüística para un tratamiento de respeto y otra para uno de confianza o familiaridad). El fenómeno que ocurre es a mi parecer mucho más simple que hipotéticas escalas de trato: la segunda persona (hik) llamada tratamiento de confianza, reemplaza a zuk con todo su sistema que es diferente y manifiesta por ejemplo el sexo del interlocutor (no es lo mismo si se le habla a un varón que a una mujer) cuando ocurre determinado hecho en la situación de habla. </p><p>En este caso, se produce el reemplazo de la persona zu por la persona hi (la misma, pero en sistemas diferentes) cuando quienes hablan pertenecen al mismo nivel jerárquico en la comunidad lingüística. Este hecho, que tiene el nombre técnico de alocutividad, se manifiesta hoy en día generacionalmente (un padre no usa el sistema de hik para dirigirse a sus hijos) y socialmente (una pareja que en grupo de amigos utilizaba mutuamente el sistema de hik, pasó al de zuk al entablar una relación má s profunda de noviazgo). Vemos por estos dos ejemplos que lo que parecía asimilable a nuestras categorías de confianza/respeto, no es tal; ocurre que al asomarnos a otra lengua tan diferente de las nuestras nos olvidamos que, como ya se dijo más arriba, cada idioma organiza de manera diferente la materia del pensamiento. Por ejemplo, una lengua tan cercana al castellano como el francés no reconoce en su expresión la diferencia entre "ser" y "estar" (posee solamente ?tre, así como el inglés tiene sólo to be) que, entre paréntesis, son dos verbos distintos también en vasco: izan y egon. </p><p>Esto es porque las categorías de pensamiento que manifiesta cada lengua son diferentes y pueden coincidir o no, según haya un origen común o simplemente porque, al ser las categorías fundamentales no muchas y al compartir el género humano tantas características, no es extraño que las lenguas las reflejen con más o menos diferencias. Pero pensemos que por ejemplo para el griego, de acuerdo con el sistema aspectual de las oposiciones que se dan en el verbo, es muy importante el hecho de si una acción está acabada de hacer o en curso de ejecución; para el indoeuropeo, lo es más que la acción transcurra en el sujeto o fuera de él; para el vasco, por ejemplo, que los que intervienen en la acción del verbo sean uno o más de uno. Parecido se puede decir del sustantivo: para el protoindoeuropeo es fundamental saber si una cosa es animada o no; para el griego, si es uno, dos o más de dos; para el vasco si la cosa en cuestión es determinada o indeterminada (¿podríamos hablar de concreta o abstracta? ¿o de general o particular?). </p><p>Interesante también es que esta lengua, tan diferente de las demás, esté actualmente en una etapa de cultivo literario que podríamos caracterizar como de pasaje de lo oral a lo escrito y, mutatis mutandis, estaríamos autorizados a asemejarla a cuando se asentó definitivamente uno de los dialectos del griego al escribirse la Ilíada y la Odisea. Hay todavía grandes manifestaciones de la literatura oral y la lengua recién comienza a cultivarse poéticamente en gran escala en este siglo más que en los pasados. Aunque queda muchísimo por hacer, hay todo el tiempo por delante y no se debe olvidar que lenguas de cultura han llevado siete y ocho siglos desde los comienzos de sus literaturas para llegar a ser lo que son; por ejemplo el latín, el castellano, el inglés. De seguirse este ritmo, se puede llegar a
lo mismo; el problema está en la situación actual del vasco hablado como lengua de uso y necesaria. </p><p>Algo similar ocurrió con el griego, el cual, antes que sus filósofos se dedicaran a pensar no contaba con una serie de vocablos surgidos precisamente de esa actividad intelectual y que para formarse siguieron un proceso análogo al de muchas palabras actuales del vasco, ni más ni menos que seguir las tendencias internas de la lengua para la creación de estructuras o palabras. </p>