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1. Euskadi, una comunidad claramente diferenciada
3. Euskadi en el proceso de construcción europea
Decir de una sociedad moderna que es plural puede sonar a tautología. Al fin y al cabo, la modernidad encuentra en el individualismo uno de sus rasgos esenciales y en el individualismo tiene también la pluralidad su última razón de ser. En cualquier sociedad moderna, la pertenencia a la propia conciencia y la afirmación de la libertad individual se elevan por encima de cualquier pertenencia colectiva y de cualquier sometimiento a la disciplina grupal. En este sentido, Euskadi, como cualquier otra sociedad moderna, es esencialmente plural.
Pero en Euskadi ocurre además otro fenómeno, que es al que nos referimos al definir a la sociedad vasca como plural. Las sociedades modernas, a pesar de su individualismo, siguen estando cohesionadas por sentimientos básicos de pertenencia común, que las hacen distinguibles unas de otras. Uno de estos sentimientos es la conciencia nacional, que todavía funciona en ellas como factor cohesionador del individualismo y de la pluralidad que las caracteriza.
Pues bien, es precisamente esta conciencia nacional la que en Euskadi se halla escindida y se erige, por tanto, en factor de división en vez de cohesión. Los ciudadanos vascos actuales se organizan en torno a dos polos de referencia nacional: la nación vasca, para quienes se sienten principal o exclusivamente ?vascos?, y la nación española, para quienes se sienten principal o exclusivamente ?españoles?, sin dejar de ser, por ello, vascos o incluso, para algunos, a fuer precisamente de ser vascos.
Esta disociación de la conciencia nacional no es nueva en Euskadi. Data de las mismas fechas en que se plantea con toda su crudeza el conflicto a que he hecho referencia en el apartado anterior. Porque fue a raíz de ese conflicto, de esa quiebra del status quo que se produjo en el siglo pasado, cuando se desencadenó entre los vascos ese proceso de disociación nacional.
Pero, limitándonos a la actualidad y analizando el fenómeno desde un punto de vista estrictamente político, tal disociación de la conciencia nacional ha tenido como uno de los resultados el desdoblamiento del mapa de representación política, hasta el punto de que las tendencias tradicionales de derecha, centro e izquierda encuentran en Euskadi una doble articulación en el sistema de Partidos políticos, según responda al electorado de identificación prevalentemente vasca o española.
Esta disociación de la conciencia nacional y el consiguiente desdoblamiento de su representación política tienen, como es obvio, múltiples consecuencias para la gobernación del País, que se expresan casi siempre en términos de mayor complejidad.
Pero la más importante de todas ellas es la que se refiere precisamente al enfoque, también desdoblado, con que los vascos abordamos la cuestión de nuestra diferenciación respecto de España, es decir, la cuestión del encaje de Euskadi en el Estado español o, en una palabra, la cuestión nacional.
He dicho antes que el Estatuto de Gernika se expresó en términos de pacto entre el País vasco y el Estado español. Vista nuestra situación de desdoblamiento, no hace ya falta que les diga que tal pacto con el Estado tuvo que sustentarse en otro pacto previo e interno entre los propios vascos. Era la única manera de que aquel pacto expresara realmente la voluntad disociada de los vascos en torno precisamente a la cuestión nacional y al nivel de autogobierno deseado. Así, el Estatuto de Gernika, además de representar un pacto con el Estado, viene a delimitar el espacio en que los propios vascos hemos podido encontrarnos para organizar nuestra convivencia.
Pero, más allá incluso de ese pacto interno que fue el Estatuto, toda la política vasca del día a día viene condicionada o enriquecida por la necesidad de diálogo, de negociación y de transacción que impone nuestra propia pluralidad. Porque la cohesión básica que mantiene integrada a una sociedad y que a otros les ha venido dada por el devenir de la historia o por otras circunstancias, entre nosotros tiene que ser construida y consolidada cada día mediante el entendimiento y el tendido de puentes entre las dos ?culturas? que se han dado cita en la sociedad vasca.
Esta búsqueda del equilibrio, a la que permanentemente nos vemos obligados los vascos, admite dos valoraciones, que, aunque aparentemente contradictorias, conviven en la mayoría de nosotros.
De un lado, la disposición constante al entendimiento ha hecho que en el País Vasco se haya conjurado el peligro de un potencial enfrentamiento entre dos comunidades diferenciadas, Más aún. Está logrando que los vascos no sólo nos resignemos a alcanzar una especie de coexistencia pacífica entre dos culturas, sino que caminemos hacia la asunción de un auténtico mestizaje cultural, en el que cada cultura asuma como propios los rasgos de la otra y ambas converjan en la creación de una identidad cultural común y más enriquecida.
Pero, de otro lado, la permanente necesidad de entendimiento y de transacción provoca un cierto sentimiento de frustración en quienes no ven posible llevar a la práctica su propio proyecto nacional, cualquiera que éste sea, y sienten que sus esfuerzos quedan siempre neutralizados por la existencia y la acción del otro.
Así, pues, concluyendo ya este apartado, es en la pluralidad interna de la propia sociedad vasca, más que en ningún otro límite externo, donde debemos encontrar la respuesta a la pregunta sobre la suficiencia del actual nivel de nuestro autogobierno. Lo que para unos es poco, para otros resultará excesivo. La conclusión será, por tanto, que el Estatuto de Gernika, plena y lealmente desarrollado, sigue siendo el punto de encuentro ineludible de los vascos y de sus conciencias nacionales disociadas.
Esta conclusión, por realista que sea, no deja de ser un tanto insatisfactoria. Deja las cosas en un punto de ?neutralidad? excesivamente estático. Por eso, yo me pregunto si no habrá otro contexto nuevo y más amplio en el que podamos resolver más fácilmente las contradicciones y las tensiones que tanto nuestra pluralidad interna como nuestra diferenciación hacia el resto de España nos imponen. Ese nuevo contexto podría ser el que viene creándose a raíz del proceso de construcción europea.
1. Euskadi, una comunidad claramente diferenciada