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Recordaremos a un pintor vasco que vivió durante muchos años en la Argentina y pintó exclusivamente temática vasca.
En 1974 la editorial llamada La Gran Enciclopedia Vasca publicó el fascículo 56 de Pintores y Escultores Vascos de Ayer, Hoy y Mañana. En Esta revista hay una autobiografía de nuestro pintor. Allí Mauricio Flores Kaperotxipi (pronunciar Caperochipi) manifiesta que nació el 10 de mayo de 1901 en Zarauz, provincia de Guipúzcoa.
Desde niño me gustaba dibujar, pero pasaron varios años hasta que tuve el primer maestro de dibujo en la Juventud Antoniana de Zarauz, donde nos enseñó el profesor Lucía Urbina a la mayoría de los chicos del pueblo.
Sobre sus padres dirá Kaperotxipi: Mis padres tenían una sastrería en la que ellos y todos los hermanos trabajamos. Como mi pasión seguía siendo el dibujo, a mí me señalaban una tarea en la sastrería, que yo levantándome muy temprano, la terminaba para el mediodía, quedándome la tarde libre para dibujar.
A los catorce años, Kaperotxipi con un montón de dibujos bajo el brazo fue a la casa del gran pintor vasco Zuloaga y recibió los consejos del gran maestro:
- ¡Hay que dibujar, hay que dibujar! Yo llevo, casi medio siglo dibujando y todavía no sé dibujar.
- Haga miles de cabezas, miles de manos, desnudos a miles, y, luego, rómpalos sin piedad. No fume, no beba, tenga un solo amor: el dibujo. Y si todo eso no le asusta, siga el camino elegido.
Continúa diciendo Kaperotxipi ante las palabras de Zuloaga: Nunca agradeceré bastante al gran maestro aquellas palabras ásperas y cordiales, ni olvidaré jamás, consejos tan sabios. Porque no cabe duda. Lo primero que un pintor necesita es una buena salud. Ya sé, ya sé que Rafael hizo maravillas con unos pulmones desgraciados, pero no por eso pintó mejor, sino a pesar de eso. Cualquiera que haya vivido, metido bien, en el ambiente artístico de París, por ejemplo, sabe que a muchos grandes talentos jóvenes, les han puesto una zancadilla definitiva, la pensión mensual segura, el amor fácil y el alcohol.
Nos relata Kaperotxipi cómo fue descubierto su talento por dos protectores que le permitieron estudiar.
Luego como en un cuento de hadas. Un marquista de San Sebastián exhibió en su escaparate un dibujo mío, grande. Dio la casualidad que lo vieran los hermanos duquesa de Goyeneche y conde de Guaqui, que ya entonces tenían alta edad. Preguntaron quien lo hizo. Y cuando quisieron conocerme, me mostraron una pequeña lámina en colores del retrato que hizo el gran pintor Vicente López a Goya. - ¿Te atreverías a pintar esto en grande? - me preguntaron. Como contesté que sí, me compraron la mejor caja de pinturas, lienzo y pinceles. Y en mi pueblo pinté el retrato de Goya. Al verlo acordaron costear, sin límites, mis estudios de pintor.
Estuve ocho años en Madrid, donde fui, los tres primeros, discípulo del extraordinario pintor López Mezquita, del que aprendí mucho. Después libre siempre, seguí aprendiendo las lecciones de los viejos y nuevos maestros en los museos de España, Italia, Bélgica y Holanda. De todos los viajes, regresaba a Madrid. Era la atracción del formidable Museo del Prado. Tanta que cuando me llegó la edad del servicio militar, elegí también Madrid, y fui soldado de cuota en el regimiento de infantería Saboya, donde tuve como compañeros a los pelotaris vizcaínos Zornoza y Amorebieta. Esto fue en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera, y por ser de cuota, teníamos muchas veces las tardes libres, que las pasaba dibujando en el Casón, o estudiando en el Museo del Prado, o trabajando en mi estudio particular. De la época del taller de López Mezquita, recuerdo sobre todo, a dos condiscípulos: Soria Aedo y Pedro Antonio, que luego volaron alto.
Kaperotxipi para formarse viajó por toda Europa como acabamos de citarlo. Entre sus recorridas fue a Pompeya dispuesto a ver con tranquilidad la ciudad desenterrada, pero al momento de llegar se vio asaltado por impertinentes guías que ofrecían sus servicios para guiarlo. Había guías en cualquier idioma. Kaperotxipi con esa inteligencia vasca intuyó que podría librarse de los guías exigiendo uno que supiera vasco. Pero no tuvo suerte, de entre la multitud de ellos surgió un muchacho que le habló perfectamente en lengua vasca y no tuvo más remedio que efectuar la visita acompañado por ese guía.
Nos relata Kaperotxipi la visita que le hizo muchos años después el maestro Zuloaga. Llegó acompañado por el torero Belmonte y le compró una obra llamada "La cabeza del seminarista". Sostenía Zuloaga que las obras se debían vender, que de ninguna manera se debían regalar. "El Pueblo Vasco" de San Sebastián divulgó el hecho de que un maestro consagrado le comprera una obra a un incipiente pintor.
La exposición de San Sebastián de agosto de l927 fue analizada por el crítico de arte José María Salaverría en el catálogo con estas palabras:
Los artistas muy avezados suelen confesar que el retrato es el ejercicio más difícil en pintura, un ejercicio que solo debería interesarse cuando el pintor, lleno de experiencia y de cursos profesionales, puede encararse con ese gran problema de la interpretación de la figura humana.
Pero la juventud se atreve a todo. Generalmente los pintores jóvenes se arriesgan a pintar retratos con una soltura solo igualada por los jóvenes escritores, que empiezan casi siempre por intentar escribir una epopeya filosófica o una novela de complicada tesis social. El tiempo, con sus convenientes fracasos, se encarga de enseñarle a cada uno aquella forma para la que sirve o con la que puede atreverse. Noble trabajo de eliminación que tan perfecta y justicieramente ejecuta el destino.
Pero hay que descontar las verdaderas vocaciones. Los impulsos fatales, diríamos mejor. En cuyo caso el joven artista que siente una inclinación insuperable por el retrato, hará bien en obstinarse y en obedecer a su sino. Cuando esta profunda vocación existe, la edad no quiere decir nada. Se es retratista o se nace retratista, como en algunas monedas de cuño algo antiguo dice la leyenda; Por la gracia de Dios.
Es el caso de Flores Kaperotxipi, que joven aún, con la natural vehemencia del que hace sus primeras armas, se lanza al retrato y logra perfecciones de verdadero maestro. Veracidad, fuerza construcción sin titubeos, mano segura y ese instinto que va al interior de la persona retratada para extraerle la porción de espíritu sin la cual, naturalmente, un retrato no podrá decirnos nada. Todo esto hace de Kaperotxipi una hermosa realidad. Y una promesa de renovadas y mejoradas perfecciones.
Como se ve ya a la edad de 26 años era un consumado retratista y pintará mayormente retratos de personajes vascos.
Se organizó una exposición en el casino de San Sebastián en la que participaron además de Kaperotxipi, Asensi Martiarena, Antequera Azpiri, Eduardo Lagarde y otros. Uno de los cuadros que expuso nuestro pintor fue "Entierro de Cristo en Pueblo de Pescadores". La idea que tenía era luego llevarlo a la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Pero un argentino llamado Pablo Masllorens preguntó el precio de la obra y no dudó en abonarlo con el propósito de obsequiárselo al director del diario "La Razón" de Buenos Aires, Dr. Angel Sojo, como se ve por el apellido de origen vasco.
De la gran cantidad de exhibiciones podemos mencionar las siguientes:
Exposición del Círculo de los Luises (Madrid, 1921), Certamen de Artistas Noveles (San Sebastián,1921), Certamen de Artistas Noveles Guipuzcoanos (San Sebastián, 1922 y 1925), Certamen Artístico de San Marcial (1925), Casa Consistorial zarauztarra (Zarauz, 1925), salones de la Diputación de Guipúzcoa (San Sebastián, 1927), Exposiciones Nacionales de Bellas Artes (Madrid, 1924 y 1926)
Se encontraba en España Francisco Grandmontagne como corresponsal del diario "La Prensa" de Buenos Aires. Lo conocía al pintor Kaperotxipi y lo alentó en todo momento para que expusiese en Buenos Aires. Finalmente en 1930 se decidió el artista y realizó su primera exposición en la Galería Witcomb, con un buen éxito ya que vendió todos los cuadros que llevó. El periodista fue el que hizo la presentación de Kaperotxipi en el catálogo que decía así:
Quiere Kaperotxipi que sea yo su introductor en Buenos Aires, a donde va con el bagaje de su arte. No puedo eludir el requerimiento del joven pintor, justamente destacado en su tierra y ávido de mayor horizonte y más amplio espacio para las bien ganadas conquistas que, sin duda, le aguardan. Así sean éstas tan sonadas como yo lo deseo y sus obras merecen.
Mitad gallego y mitad vasco - Flores Kaprotxipi -, este mozo es la suma de ambas mitades.
Hay, desde luego, en Kaperotxipi una indestructible cimentación: su dominio del dibujo, sin la cual creo que toda obra se viene abajo a la manera que el tiempo destruye la más ostentosa edificación levantada sobre frágiles bases.
Formidable retratista, como le ha calificado una de las plumas más doctas de Vasconia. Eso es principalmente Kaperotxipi: un extraordinario retratista. No necesitaré argumentos para demostrar el aserto. Me bastará con remitiros a visitar la exposición con que se presenta al público bonaerense, tan capacitado para aprehender las emociones de arte.
Kaperotxipi (entre los críticos también solían llamarlo abreviadamente Kapero) cuenta que en una ocasión acompañó a Juan Echavarría a Hendaya en Francia donde estaba autoexiliado Don Miguel de Unamuno durante los años veinte. Echevarría le pintaba un cuadro a Don Miguel y Kapero aprovechó para tomarle un dibujo de la cabeza del gran filósofo vasco. Terminado el dibujo fue el mismo Don Miguel que le propuso a Kapero retratarlo. Y en menos de una hora terminó el retrato y se lo dedicó con estas palabras: "A Flores Kaperotxipi, ojo por ojo y ...cabeza por cabeza. Miguel de Unamuno"
Después de la exposición de 1930 en Buenos Aires, Kaperotxipi le tomó el gusto por las exposiciones en Méjico (Casino Español de Méjico,1935), Chile, Uruguay, Argentina (Galería Witcomb, 1932) Cuba y Estados Unidos. Con éxito vendió sus cuadros en esos países.
Su vida de pintor transcurría entre Zarauz y Elgueta, pero llegó la guerra civil española en 1936. Se pensaba al principio que duraría poco pero se prolongó y fue bastante trágica en el norte en la zona donde residía Kaperotxipi. Relata, ya estando en Mendoza en 1942, parte de su experiencia en los bombardeos en el país vasco que lo aterrorizaba. A todo esto la población pasaba un hambre atroz. A ocho meses de volver de Nueva York, Kaperotxipi se encontró trabajando en Bilbao para destruir las defensas acarreando palos y piedras. Allí se acordó lleno de hambre:
Y, entre ceja y ceja, un pensamiento que no se quitaba: La Argentina, con sus carnicerías repletas de carne tierna, sus mercados abarrotados de comida, su vida pacífica. Y, sobre todo, su libertad bien entendida, junto con el respeto y recompensa para todos los laboriosos y honrados ciudadanos del mundo.
Corría 1938 y Kaperotxipi se traslada a la Argentina, instalándose en Mar del Plata. Allí no solamente pinta sino que instala una galería de arte para la venta de sus pinturas y la de otros pintores.
En 1939 el crítico de arte de "La Nación" José León Pagano, autor de una obra de historia de arte de la Argentina se expresaba de Kaperotxipi en estos términos:
Ahora nos visita de nuevo, para decirnos cosas con la misma serenidad de los días de calma. Su paleta clara como su propio ver, triunfa en la obra de ahora, así como lo vimos triunfar en las exposiciones de otrora. Pero incluye ahora un elemento nuevo de sus registros. El color más fino y de mayor calidad, logra ahora efectos no alcanzados antes por Kaperotxipi. Una luz de suave gama gris envuelve sus cuadros mejores. Abundan en ellos los enlaces plateados dispuestos con notable gusto de retina. Así es como opone a la acentuada coloración de "La Merienda" y a la cálida atmósfera de "Hermanitos" toda la serie gris plata cuyo conjunto comprende rótulos tan ilustrativos como "Abuelo y nieto", "Órdago a los pares", "A las fiestas", "El pasto". Es la obra de un pintor probo, cuya aspiración máxima cífrase en estar de acuerdo con su propio ser y sentir.
En la República Argentina colaboró con el diario " La Razón", fruto de ello son sus crónicas de arte, llamadas Curioseando en el Mundo del Arte. En 1947 estas crónicas fueron editadas por la Editorial Vasca Ekin de Buenos Aires, con el título de Pintores Vascos y No Vascos. Aún hoy se puede comprar este libro en la librería editora.
En 1954 editó otro libro Arte Vasco que fue en su momento un interesante aporte.
En 1940 celebra una exposición de sus obras en la ciudad argentina de Mendoza. En 1943 en la exposición de Artistas Plásticos de Santa Fe participa con sus obras. También participa con sus obras en una exposición en el Museo Provincial de Bellas Artes de Paraná.
Como escritor compuso una biografía del pintor Pablo Uranga editada en 1963 en San Sebastián.
Siguió pintando en Argentina sobre todo retratos de gente vasca y preguntando cómo era que tan distante de su tierra seguía pintando ese tema, manifestó que en la Argentina estaba lleno de modelos del pueblo vasco por la gran cantidad de vascos llegados.
Después de una larga estadía en Argentina decidió regresar a su Zarauz natal donde reside ya nonagenario.
La obra de Kapero es abundante y la mayor parte de su obra son solamente retratos de tipos vascos. Principalmente se especializa en caras de personas ancianas o maduras. El nombre de sus cuadros se repite mucho. Hay de cada título varios cuadros, en algunas ocasiones veinte o treinta versiones de un mismo título. Sus obras llevan títulos como: Marinos, Pastor Vasco y Carta de América reproducidos en la Enciclopedia Vasca. Tarde de Domingo, Traguito para el Abuelo, Esperando el Regreso, Ordago a los Pares, La Nieta Linda, Matrimonio Feliz, Consejo del Abuelito, Canasta de Huevos, Abuelo y Nieto, Perfil de Vasco, Mocita en Día de Fiesta, Amalketako, Carta del Hijo, Los Primeros Higos, Pescador de Orio, Aldeana de Pasajes, Carta del Nieto de América, Una Trampita, Felicidad, El Abuelo Cuenta un Cuento, Ayudando a la Nieta, Con el Nieto, Entierro de Cristo en un Pueblo de Pescadores, El Cuento de la Abuelita, Buenas Noticias, El Vasito de Vino, Los Novios de la Aldea, Tres Generaciones, Esperando Lanchas, la Merienda de la Abuela, Merienda al aire libre, Con el Abuelo, Poeta Vasco Pensando, Noticias de América, Basta por Hoy, Primavera, Romería, Carta del Novio. Todas estas obras están reproducidas en el fascículo de La Gran Enciclopedia Vasca.
Viendo sus obras se ve que ha tenido fijación por temas entre ellos el hecho de la angustia de esperar las lanchas de pescadores que se hicieron a la mar y quién sabe si regresan a salvo. La mirada expectante de los que en tierra los esperan ha concentrado la atención del tema. El motivo de las cartas allende de los mares recibida por ancianos también es recurrente. Los oficios del país vasco han sido objeto de tratamiento, en ellos busca rostros sufridos o característicos. La presencia del abuelo y el nieto se ve en varias obras.
La paleta que usa es de colores claros y su centro de atención es la figura humana que por lo general solamente dibuja de la cintura para arriba, es raro ver personajes con piernas o pies. Solamente se centra en los rostros. Para distinguir un cuadro de otro recurre a poner objetos como frutas, huevos, jarras, queso, cartas, pipas, naipes cestas, platos con nueces, pan, etc.
Se lo aprecia por esa pasión y fidelidad a lo vasco antes que por la originalidad de su obra o la variación de temas.
En la actualidad es muy escasa la posibilidad de apreciar la obra de Kperotxipi. En general no existen en el mercado de arte movimiento de sus obras y no se han realizado muestras de sus obras en estos últimos años en la República Argentina.
Una excepción fue la organizada por Pedro Hegoburu desde el 24 de mayo al 26 de julio de 1996 en la ciudad de La Plata. En esa exposición se exhibió el cuadro de Kaperotxipi "Carta de América". Este cuadro es uno de los más logrados por la vividez y expresividad de los rostros de los ancianos vascos leyendo una carta. Este tema lo trató muchas veces pero creemos que ha logrado en la obra recientemente expuesta un clima de emotiva expresividad.
Retana, José María Martín de, director, "Pintores y Escultores Vascos de Ayer, Hoy y Mañana", volumenVI. Editorial La Gran Enciclopedia Vasca, 1º edición, Bilbao, abril-junio de 1974.
Flores Kaperotxipi, Mauricio, "Pintores Vascos y No Vascos". Editorial Vasca Ekin S.R.L., Buenos Aires, 1947.
Flores Kaperotxipi, Mauricio, "Arte Vasco", Editorial Vasca Ekin S.R.L., Buenos Aires, 1954.
Madariaga, Luis, "Flores Kaprotxipi, Mauricio". Entrada en la Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco. Cuerpo A. Diccionario Enciclopédico Vasco. Páginas 535 a 537 del Volumen XIII. Editorial Auñamendi, Estornés Lasa Hermanos, San Sebastián 1982.