|
1. Euskadi, una comunidad claramente diferenciada
2. Euskadi, una sociedad profundamente plural
Porque, por primera vez en la historia reciente, tanto España, en general, como Euskadi, en particular, se encuentra insertas en un proceso político de integración europea, que modifica sustancialmente los parámetros de ?bilateralidad? en que hasta ahora se habían desarrollado sus relaciones, y que podría llegar también a atemperar la tensión interna que padece nuestra sociedad en virtud de sus conciencias nacionales disociadas.
El proceso de construcción europea tiene múltiples connotaciones y repercusiones de carácter económico, cultural y social. Pero es, sobre todo, un proceso político, que está afectando directamente a ciertos conceptos y estructuras sobre los que la política había venido entendiéndose a sí misma y desarrollando su actividad. Conceptos y estructuras tales como la soberanía estatal o el Estado-nación están quedando trastocados por un proceso de integración que, si algo pone en cuestión, son los soportes ideológicos y fácticos en que tales conceptos y estructuras se basaban.
Así, la creación de una moneda europea única, la supresión de las fronteras interiores y la reconvención de los ejércitos nacionales en un sistema integrado de defensa europea común, por citar sólo estos tres aspectos de gran alcance simbólico, están minando los pilares sobre los que se ha asentado hasta ahora el Estado-Nación. Si a ello se añade, por ejemplo, la creación de una auténtica ?ciudadanía europea?, el vaciamiento progresivo de los contenidos estado-nacionales se hace evidente.
Asistimos, pues, en el proceso de construcción europea, al despojamiento desde arriba, es decir, desde los órganos comunes europeos, de los elementos constitutivos de la soberanía tradicional del Estado-nación, que pasan a quedar residenciados en las estructuras de la Unión.
Pero, a la vez, en diversos Países europeos, estamos asistiendo a un proceso paralelo, en el que los entes infra - estatales de cada Estado, llámense éstos naciones, regiones o Comunidades autónomas, están despojando desde abajo a los Estados de muchos de los poderes y competencias que hasta ahora habían ejercido, unitaria y centralizadamente, en sus respectivos territorios. Tales son los casos, sobre todo, de Alemania, Bélgica, Austria, España, Italia y próximamente, el Reino Unido. Algunos de estos entes infra-estatales, entre los que se encuentra el País Vasco, ejercen ya hoy poderes y prerrogativas que hasta hace bien poco se habían considerado estrictamente ?de Estado?.
De este modo, por la vía de este doble despojo de los poderes tradicionales del Estado y de su reparto entre las nuevas instancias supraestatales (europeas) e infraestatales (regionales), está creándose un nuevo contexto político, en el que conceptos clásicos, como soberanía, independencia, nación, Estado o Estado-nación, comienzan a verse diluidos tanto en la realidad como en la percepción ciudadana, y van perdiendo, en consecuencia, tanto significado real como carga emocional.
Por lo que a nosotros, los vascos, se refiere, este proceso europeo implica el trastocamiento de los parámetros en que nuestro tradicional conflicto con el Estado español, el llamado ?contencioso vasco?, venía planteándose. El encaje de quien se afirma de nacionalidad vasca en una ciudadanía española y europea puede perder, en el nuevo marco político, gran parte de la carga emocional que hasta ahora venía lastrándolo.
No está todavía claro cuáles van a ser los nuevos parámetros, en cuya definición están participando tanto los Estados como las Naciones europeas sin Estado que comparten nuestros planteamientos. Pero, si se me permite la osadía, yo me atrevería a pronosticar cuatro fundamentales, que, si se dieran, podrían resultar decisivos para el futuro de Euskadi.
En la futura Unión Europea va a haber, en primer lugar, cada vez más Europa, es decir, más espacios de gestión mancomunada de lo que hoy son soberanías estatales. Habrá, por tanto,, y en segundo lugar, cada vez menos Estado, es decir, espacios cada vez más reducidos de soberanía estatal propiamente dicha, debido a la presión que sobre los Estados ejercerán tanto la Unión Europea, desde arriba, como los entes infraestatales, desde abajo. Habrá, en tercer lugar, cada vez más nación, es decir, se potenciará las entidades políticas capaces de integrar a colectivos ciudadanos bien cohesionados por lazos de pertenencia común. Y habrá, finalmente, mucha más sociedad, es decir, mucha mayor ciudadanía europea que tome a Europa como referente de su sentimiento de pertenencia.
Si así fuera a ser el próximo entramado europeo, Euskadi podría encontrar en él, un contexto mucho más favorable para superar definitivamente su problema de encaje político e institucional.
1. Euskadi, una comunidad claramente diferenciada