a la página inicial

Búsqueda avanzada

Pamplona: Algunos misterios de su etimología

Por Higinio Martínez.
23 de octubre de 2003, 12:09 am

El nombre latino de Pamplona, Pompaelo, Pompaelonis, no se generó en el propio seno de la lengua del Lacio. Tiene que haber sido acuñado por euskaldunes, y rápidamente incorporado por la lengua del imperio. Como es sabido, el topónimo honraba la figura de Pompeyo. Este ostentaba un nombre osco o umbro: *Pompaius, quintus. El otro elemento, quizás hoy no tan conocido, es el protovasco *ilun ciudad.

Dijimos que, una vez acuñado el nuevo nombre, pasó a la lengua del imperio, donde a favor de la opacidad su fortuna se prologó indefinidamente. En vasco, en cambio, como consecuencia natural de la transparencia intra lingüística, la suerte del topónimo por fuerza debía ser paralela a la del propio jefe romano. Defenestrado pompeyo, quedó naturalmente el vasco *ilun-ar, que sufrió rotacismo de la antigua ele dulce, caída de la ene intervocálica, generación de una palatal nasal desde la i antihiática nasalizada, reducción del demostrativo-articulo enclítico, su aglutinación con pérdida de la función sintáctica, y una nueva incorporación del artículo: Iruñea. En latín, Pompaelo quedó cristalizado en su estructura.

Si por un momento nos propusiéramos imaginar la hipotética evolución de aquel protovasco *Pompaiilun-ar, hoy tendríamos rigurosamente Banberuñea, con el paso regular de la pe a be, con la resolución del diptongo (pretónico en la prosodia latina) popular de la época del imperio, y con el rotacismo y demás fenómenos mencionados en relación con *Ilun-ar. También cabe señalar el mantenimiento del timbre único de la u vasca. sobre la caída de la n intervocálica, producida en algún momento entre los siglos III y VIII, debemos abundar. Meyer-Lübke, sistematizando los datos de Gavel, Altube y Azkue, clasifica las soluciones de la antigua ene intervocálica en el vasco conocido, y muestra que el protovasco una puede pasar a ua y después a uma, como en portugués moderno, o, en otros dialectos a ua: latín cuna>vasco kuma o kua. Luego el resultado regular debía ser *Bamberuma o Banberua, en vez de *Banberuñea arriba propuesto. Si hemos optado por éste es a causa del Iruñea real. El resultado -uñe supone regularmente la presencia de un sonido palatal (¿antihiático?)  interpuesto entre las vocales tras la caída de la ene: -uia / -uie.

Hasta aquí, más allá del interés obvio de conocer y revivir los mundos perdidos, no encontramos grandes sorpresas. Pero cuando, una vez aceptada la condición románica del topónimo Pompaleo, intentamos seguir el curso real de su evolución, sobreviene un curioso fantasma. La aceptación del carácter románico de Pamplona exige lógicamente aplicarle las reglas de la correspondiente gramática histórica. pues bien, no cabe duda alguna de que el acusativo latino Pompaelone (el caso del objeto directo, que es la base etimológica de las formas románicas sin declinación) debía dar regularmente un castellano *Pomplón o *Pamplón (el timbre de la vocal pretónica siempre es lábil y no está en cuestión, pero adelantamos nuestra convicción de que se debe a la pronunciación nasal de la vocal, que se sustituye la articulación de la consonante nasal: molinu > fr. moulin/mulan mula).

Aunque no se haya prestado atención al detalle, o se lo haya menospreciado, es un hecho que clama al cielo que los lingüistas no lo hayan considerado. Esa irregularidad (que se repite en Barcelona y en los otros topónimos peninsulares donde se esperaría castellano -ón, catalán -ö) ya no puede ser ignorada por más tiempo. Hasta donde yo entiendo, no hay otra respuesta posible fuera de que la base de estas formas románicas (castellano Pamplona y francés Pampelune) no es realmente latina, sino que acusa una variante céltica (tal vez inconsciente, fantasmal). Parecería que nos contradecimos. Hemos reclamado la condición de la latinidad del vocablo Pamplona y ahora decimos que procede del celta. Lo que en verdad estamos diciendo es que había Pompaelo en la lengua oficial y de los cultivados, y a la par otra forma popular entre los vecinos no euskaldunes e incluso entre éstos cuando se comunicaban en la lengua franca popular. con la autoridad imparcial de Thurneysen, Pedersen y Pokorny, no cabe hoy ninguna duda de que el tema latino Pompaelon céltico del s. I DC se declinaba en singular con un nominativo (caso del sujeto) *Pompelu, en genitivo (caso posesivo) *Pompelonos, acusativo *Pompelona(n), acusativo plural *Pompelonas. Es precisamente ese acusativo singular el que nos ha llegado. se sabe que la nasal final no se articulaba, y que sólo se realizaba fonológicamente con la nasalidad de la vocal anterior. Pam- con su apertura precisamente supone la nasalidad vocálica. Por otra parte, la forma francesa Pampelune supone también una base *Pompeluna, coincidente con la a final, y también curiosa por el timbre de la vocal tónica, que es siempre firme en las lenguas románicas. Podría alegarse que es timbre de la base vasca, pero recaeríamos entonces en el tránsito imposible entre sistemas. Creo que esa u se debe a un cambio analógico a partir de nominativo, cambio facilitado por ser cerrada la o breve del céltico, al revés de la latina, abierta. El mismo fenómeno se da también en el gallego Arçua (< Artiu, Artionos, ac. Artionan).

Hoy sabemos que el celta era la lengua de las tribus que rodeaban a los euskaldunes y seguramente la lengua franca antes de la adopción del latín para esa función. Lo que hasta hace poco no se podía sospechar era la fuerza de la inercia cultural de la montaña, que operaría no sólo a favor del mantenimiento de la lengua propia, en el ámbito interno familiar, sino también en el mantenimiento de otros elementos integrantes de su cultura. En realidad, no nos debería producir sorpresa que el pueblo vasco haya afrontado el complejo problema de resolver su aislamiento cultural y lingüístico sin perder la identidad, que es su lengua y lo haya resuelto objetivamente con el manejo de dos lenguas, la propia y la franca, sea ésta celta, latín castellano o francés. Lo sorprendente es la inercia cultural en el primer milenio de nuestra era, con una complejidad que se nos escapa totalmente.

Aunque parezca contemporáneo, quiero dejar aquí puntual y explícito testimonio de mi simpatía activa e interesada, no solo en la supervivencia de la lengua y la cultura vasca, sino también en la normalización plena de su estatuto lingüístico. La especulación presente no persigue otro objeto que la verdad. Ciertamente no pretende sentar precedentes históricos para ciertos programas de "bilingüismo armónico", que sólo persiguen la extinción de las lenguas minorizadas. Tampoco pretende llevar agua para el molino de la cultura celta, que podemos amar pero que también sabemos que terminó derrotada y oprobiada. Sólo busca conocer la verdad y la realidad, siempre más generosas que la ficción, también de paso gozar con el encanto que nos prodigan a borbotones.

Notas

Aunque el texto está lleno de tecnicismos que escapan a un lector común hemos preferido transcribir el artículo sin ninguna alteración y reservar un pequeño espacio para notas aclaratorias. El fin de aceptar un texto tan técnico se basa en el hecho de que se trata de un aporte original a la evolución de los topónimos vascos basado en la explicación de la influencia celta. Como dice el artículo, los celtas rodeaban el vasco y lo fueron cercenando de partes de su territorio, cuando los romanos impusieron su dominio se revasquizó el área recientemente celtizada como el sur de navarra y La Rioja logroñesa. La mayor parte del Aragón quedó celtiberizada; solamente la región de Jaca con sus jacetanos siguió vasca y fue la cuna del Aragón actual, en primer momento vasco y luego románico completamente. Por eso es subyugante la tesis de Martínez en el sentido que la lengua celta siguió influyendo en los hábitos lingüísticos de la romania noribérica. Si bien existen otras posibles explicaciones, la postulación argumentada está solidamente fundamentada.

Rotacismo: es el fenómeno que se da en las lenguas de cambiar a ere un fonema consonántico no vibrante, por ejemplo ese o ele.

Enclítico: que se pone al final de una palabra y pegada a ella. Por ejemplo en castellano la palabra hay tiene una y griega enclítica a la flexión del verbo regular que es ha.

Hiato: es abrirse, separarse y lo contrario antihiático que no se separa.

Palatal: articulación que se caracteriza por el contacto o la aproximación del dorso de la lengua y una zona cualquiera del paladar duro.

Nasal: sonido producido por medio de las resonancias producidas en las cavidades de la nariz gracias a la abertura del canal rinofaríngeo durante la articulación.

Articulación: posición característica que adoptan los órganos supraglótidos en la tensión de cada uno de los sonidos del habla.

Supraglótidos: por sobre la glotis, que es el espacio que dejan entre sí las cuerdas vocales al abrirse.

Asterisco (*): se pone asterisco delante de una palabra que se reconstruye desde una palabra sucesora pero que no se encuentra atestiguada en ninguna fuente escrita.

Pretónica: sílaba que antecede a la sílaba que recibe un acento de intensidad.

Lábil: débil, que desaparece.

Osco y umbro: son dos lenguas que se hablaban en Italia a la par del latín. De estas lenguas quedan escasos testimonios. Se diferenciaban del latín pero estaban estrechamente emparentadas en un grupo de lenguas llamadas italiotas de la gran rama indoeuropea. Estas hablas se formaron diferenciándose de un italiota común que se formó en Italia cuando los pueblos conquistaron en el 1200 AC partes importantes de la península itálica. A su arribo Italia tenía poblaciones autóctonas que fueron barridas. La parte norte tenía poblaciones megalíticas emparentadas culturalmente en todo el occidente europeo cuyo último superviviente es el vasco actual. Pompaius se traduce como quinto y era costumbre que romanos y osco-umbros pusiesen nombres de números a sus hijos según el orden de nacimiento, que sobrevive en castellano como lengua hija del latín: primo, segundo, quinto sixto, septimio, octavio, décimo, etc.

Enunciado: las palabras en latín se enuncian con el nominativo y el genitivo singular. Nominativo es la forma que adopta el nombre cuando funciona de sujeto de una oración y genitivo cuando funciona de complemento determinativo, o posesivo. En castellano sobrevive la declinación en los pronombres personales el nominativo y  genitivo de la primera persona del singular es yo, mí. Se enuncian las dos formas para mostrar las formas que adoptan las variaciones según la función sintáctica.

 

Fuente: Los Vascos - Euskaldunak Año II N° 4 Septiembre de 1996.

Por favor, califique esta nota
Excelente Muy buena Buena Regular Mala   
Esta nota aún no fue calificada.


Copyright © 1997-2008 Fundación Vasco Argentina Juan de Garay.
El Consultorio Histórico es un nuevo servicio de asesoramiento a cargo de Aitor Pescador y Mikel Ezkerro. A través de este espacio puede realizar consultas específicas sobre la HISTORIA DE EUSKAL HERRIA, que serán respondidas en un breve lapso en su casilla de correo.

KOSMOpolita
KOSMOpolita es una sección de Euskonews&Media -la publicación electrónica de la Sociedad de Estudios Vascos- dedicada a la presencia vasca en todo el mundo. Todos los viernes cuenta con artículos preparados por colaboradores de diversos países.

Tapa de Los Vascos-Euskaldunak N° 25
Es la publicación cuatrimestral de la Fundación Vasco Argentina Juan de Garay, que aborda temas generales de cultura vasca. Se distribuye gratuitamente entre los miembros, pero es de suscripción abierta para cualquier interesado.