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4-El fenómeno del terrorismo

Por José Antonio Ardanza, Presidente Vasco.
Buenos Aires, 3 de septiembre de 2002, 02:36 am

1. Euskadi, una comunidad claramente diferenciada

2. Euskadi, una sociedad profundamente plural

3. Euskadi en el proceso de construcción europea

Pero, dicho todo esto, no puedo terminar sin hacer mención de otro rasgo que, por desgracia, también caracteriza a la sociedad vasca actual. Me refiero a la violencia terrorista de ETA y a la disidencia política de quienes la apoyan a través de Herri Batasuna.

Muchas cosas podrían decirse, y desde muy diversos ángulos, sobre este fenómeno. Yo quiero detenerme hoy en una sola, que me parece fundamental.

Por mucho que ETA intente arroparse en sus reivindicaciones nacionales, la realidad es que ETA no es hoy un movimiento de liberación nacional, sino una organización de carácter esencialmente fundamentalista y antidemocrático.

Para comprobarlo, yo les invito a que analicen la realidad de ETA a la luz de su relación con las tres características de la sociedad vasca que he tratado de explicarles en mi exposición.

Cuando en la transición a la democracia, la sociedad vasca se hizo cargo de su ?contencioso? con el Estado y trató de dar expresión política a su carácter diferencial, ETA chocó con su propia incapacidad para adaptarse a los procedimientos democráticos. Su fundamentalismo revolucionario y su esencialismo nacionalista se  demostraron incompatibles con la democracia. Desde entonces, ETA no ha hecho sino interferir ilegítimamente entre la sociedad vasca y su propio contencioso, impidiendo que sea ella misma la que lo resuelva y convirtiéndose, por ello, en un movimiento de opresión nacional.

Y es que ETA ni ha entendido ni ha aceptado las implicaciones prácticas de la pluralidad vasca. Ha intentado, por el contrario, negarla para imponer su particular concepción esencialista de una nación vasca abstracta y desligada de sus ciudadanos.

Igualmente, ETA se ha demostrado incapaz de entender cuál es y hacia dónde se dirige el actual proceso de construcción europea, así como las virtualidades que tal proceso encierra para los vascos y para sus aspiraciones.

Por todo ello, y en razón, sobre todo, de la crueldad de sus acciones, ETA es hoy un movimiento aislado y marginado por la propia sociedad vasca, y condenado por la historia a un fracaso inexorable. ETA se equivocó en la transición y hoy nos vemos obligados a soportar las dramáticas consecuencias de aquel error nunca reconocido.

No es, pues, posible simultanear hoy el apoyo y la comprensión hacia ETA y el apoyo y la comprensión hacia el Pueblo vasco. Las Imágenes que recorrieron el mundo a raíz del asesinato de Miguel Ángel Blanco, en julio pasado, son el mejor reflejo de dónde está hoy ETA y dónde está hoy el Pueblo vasco. Ante tales imágenes, sobran todas mis palabras.

Pero, dicho esto, también hay que decir que ETA sigue teniendo un soporte social, que se aglutina en torno a Herri Batasuna y representa aproximadamente el 13% de los votantes. Este soporte social se mueve por estímulos eminentemente nacionalistas, que ETA y la dirección de HB manipulan a su conveniencia. No cabe duda de que este apoyo social resultaría inexplicable hoy en día, si Euskadi no hubiera padecido una dictadura de cuarenta años, que se cebó despiadadamente con sus sentimientos nacionales. En tal sentido, el apoyo social que hoy recibe ETA es la peor herencia que nos ha dejado el franquismo.

Pero, sea esto como fuere, el hecho es que una significativa minoría de la sociedad vasca continúa sin integrarse en el sistema y no acepta la solución que la mayoría de la sociedad vasca dio al ?contencioso? a través del Estatuto. Padecemos, por tanto, un grave déficit de integración política, que nos corresponde a todos solucionar.

Movidos por el deseo de buscar una solución democrática y razonable, los Partidos institucionales firmamos en enero de 1988 el Acuerdo de Ajuria-Enea. En él fijamos los parámetros en que tal solución podía y debía darse. Yo los resumiría como sigue.

Supuesta la plena legitimidad democrática de la solución que la mayoría de los vascos nos hemos dado a través del Estatuto, los Partidos reconocemos que el fenómeno de la violencia de ETA, por las implicaciones políticas y sociales que arrastra, no va a encontrar solución por la vía exclusivamente policial, sino que demanda una salida dialogada.

Tal diálogo resolutivo, para que sea legítimo y viable en el contexto de un Estado democrático de derecho, no puede producirse sin una clara disposición, por parte de ETA, a renunciar al ejercicio de la violencia como instrumento de acción política.

Más aún. Puesto que la raíz del problema tiene connotaciones políticas, no resulta ni legítimo ni viable un diálogo en el que los interlocutores sean, de un lado, los representantes legítimos del Estado y, de otro, la organización ETA, que no ostenta ninguna representación. Si de política ha de hablarse, solo cabe pensar en interlocutores que tengan la representación política de la ciudadanía. Eta debe delegar, por tanto, en Herri Batasuna, como partido legal y representativo, la interlocución que reivindica.

Finalmente, siendo el problema de la violencia de ETA un problema eminentemente vasco, su solución debería venir también de un diálogo que se produjera eminentemente entre los Partidos vascos. Se trataría, al fin y al cabo, de aceptar y conciliar la pluralidad de opiniones e intereses que anida en nuestra sociedad.

Esta es, en esencia, nuestra oferta. La hicimos en 1988 y seguimos abiertos a ella. Estamos convencidos de que, si se aceptara, nos permitiría alcanzar los dos objetivos que la sociedad vasca más ansía: la integración política plena y la plena reconciliación social.

Nuestra mano está tendida. Si ETA y HB quieren cogerla, estoy seguro de que Euskadi, además de verse libre de tanto sufrimiento injusto e inútil, entraría en una nueva fase de confianza en sí misma, de ilusión compartida y de definitiva normalización. Energías no nos han de faltar.

Porque, a pesar de estos problemas de conciencia nacional disociada y  de una violencia terrorista, la sociedad vasca es una sociedad activa, tanto en su economía como en su cultura y su vida social, que sigue siendo una de las Comunidades más avanzadas del Estado español, en el que ejerce, también hoy, la función de referente y motor de su actividad en sus más diversos aspectos.

1. Euskadi, una comunidad claramente diferenciada

2. Euskadi, una sociedad profundamente plural

3. Euskadi en el proceso de construcción europea

6 de noviembre de 1997.

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